¿Cómo serán mis oponentes?

Hay jugadores que juegan por divertirse, que por cierto son la mayoría, y otro grupo, el de aquellos que viven del póquer, es decir los profesionales. En un casino físico, en el primer caso están los turistas, que junto a un grupo de condiciones más o menos similares, ha llegado para pasarlo bien, pues está de vacaciones o al menos disfrutando su fin de semana. Es parte del grupo de bulliciosos jugadores ocasionales.

En el escenario en línea, aunque no es posible advertir a simple vista al jugador ocasional, podemos reconocerlo por su estilo de apostar (idéntico al del jugador casual de casino en vivo), porque apuesta poco y con reservas, procurando estirar su presupuesto al máximo, al igual que la diversión. Son parte importante de la gran mayoría de gente que puebla los casinos, en línea o físicos. Suele decirse que sin ellos, el ambiente del casino no sería el mismo, porque ponen la nota de humor, de ironía, y el capital del que se alimentan los peces gordos…

Claro que también están los jugadores habituales, que forman parte del enorme grupo de personas que juegan por diversión. Estos son más cautos, y los golpes de la vida les han enseñado que no es bueno apostar ni muy poco, ni demasiado, porque en cualquiera de los dos casos, en la cartera se verán los resultados. Juegan por la emoción, por la adrenalina. A la mayoría no le interesa demasiado entrar en detalles sobre asuntos de alta enjundia como técnicas sofisticadas o cosas así. Juegan porque lo sienten como un deporte de alto riesgo, sin necesidad de jugarse el pellejo a diez mil pies de altura o en una montaña por ahí. Aquellos que empiezan a razonar sobre los procesos, esos que se quedan mirando sospechosamente cada jugada, cada carta y cada cara, son los que van en camino del segundo tipo de jugadores con el que todo novato debe enfrentarse en algún momento: los profesionales. Los habituales contribuyen, junto con los turistas, a engordar el capital de los profesionales.

El profesional, talentos aparte, algunas veces es un jugador habitual en busca de venganza, por decirlo así. Quizás haya por ahí casos excepcionales, pero la mayoría tuvo que forjarse cotidianamente de triunfos y fracasos. Hay jugadores a los que simplemente su naturaleza los impulsó a jugar y se dedicaron a refinar por todos los medios posibles su habilidad o cultivar su entusiasmo, pese a todo y a todos. Hay un refrán norteamericano que dice: “Nunca juegues cartas con alguien cuyo apodo sea el de alguna ciudad o algún estado, como Nebraska, Las Vegas o Kentucky”. Y es que sólo obtiene fama quien lucha denodadamente por el éxito: así se hacen los nombres que perduran. ¿Cómo reconocerlo? En un espacio físico, tal vez sea un poco más sencillo, por su discreción, por su seguridad al apostar grandes sumas sin inmutarse. En los casinos en línea, se delata por su estilo de juego, por lo común agresivo en cuanto a apuestas y amigo de farolear cuando la ocasión lo amerita.

Pero faltaba un detalle: ¿Quién dijo que no hay jugadores profesionales que se divierten mientras juegan? Hay quienes dicen (y allí está Amarillo Slim, famoso jugador de póquer norteamericano), que quienes más disfrutan del juego son quienes mejor conocen sus entresijos. Todos trabajan para divertirse, pero algunos se divierten mientras trabajan.


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