La inteligencia emocional en el poker

Aunque parezca extraño a primera vista, la inteligencia emocional también puede ser aplicada al poker. Porque necesitamos de nuestra inteligencia para mantener controladas nuestras emociones y asegurarnos de que nuestro juego está dirigido por la cabeza y no por el corazón. Un jugador que usa inteligencia emocional en el poker será capaz de manejar mejor tanto sus habilidades como sus debilidades, aceptando ambas y sin desesperar.

Supongamos que hemos estado jugando por horas en un torneo multi-mesa, y no nos ha ido demasiado bien. Hemos hecho más re-compras de las que nos hubiese gustado, hemos tomado algunas malas decisiones y estamos mentalmente agotados. No es nuestro día, pero no estamos dispuestos a dejarnos derrotar y seguimos adelante, o abandonamos ese torneo y pasamos a un sit & go para recuperar rápidamente nuestras pérdidas. Terminamos duplicando o triplicando lo perdido hasta ese momento.

Otro ejemplo: estamos en una partida por dinero y nos está yendo bien. Estamos en una buena racha, la disfrutamos, nos sentimos invencibles. Queremos que ese momento dure para siempre. Comenzamos a tomar riesgos y perdemos casi todo lo que habíamos ganado.

Último ejemplo: estamos heads-up contra un jugador que sabemos que es inferior a nosotros. Sin embargo, nos gana bote tras bote, y cuanto más jugamos (y perdemos) más nos enojamos con nosotros mismos. Nuestra motivación para seguir jugando pasa a ser destruir al enemigo, y no jugar para ganar.

Obviamente, estos ejemplos son algo extremos, pero cualquier jugador ha estado alguna vez (o más de una vez) en situaciones idénticas o parecidas a las expuestas. Para que el poker sea rentable, ya sea como profesión o pasatiempo, no sólo debemos aprender estrategias para ganar, y cuándo retirarnos de una mesa. Tenemos que poder reconocer, honestamente, cuáles son nuestros sentimientos en cada situación y por qué nos sentimos de ese modo. Sólo así podremos manejar nuestras emociones.

Podemos disfrutar el juego, tener nuestro propio estilo, sentirnos bien, claro, cuando ganamos, y mal cuando perdemos. Lo que no podemos permitirnos es dejar de tener el control. El poker no es un juego de sentimientos, es un juego de habilidad y disciplina. Ese es el rol que juega en todo esto la inteligencia emocional.